Radio en vivo:

Radio Radio

La necesidad de justicia

17270199_10211171163308855_904187197_n

Juan 16:8 dice que el Espíritu Santo convencerá al mundo, no solamente de pecado sino también de justicia. En otras palabras, el mundo, que no sabe lo que realmente es el pecado, tampoco sabe lo que realmente es la justicia.

Las personas no convertidas piensan que la moralidad externa es suficiente. No desean la justicia de Dios sino su propia justicia. Desean una justicia que proviene de sus propios actos externos, tales como la obediencia a la Ley de Dios. Pero nuestros actos de obediencia a la Ley nunca pueden justificarnos ante Dios.

En Isaías 64:6, el profeta describe los actos de justicia propia del pueblo de su época como “trapos de inmundicia”. Aún nuestra mejor justicia auto percibida con motivos religiosos es, de hecho, lo opuesto: injusticia.

Pero la justicia de Jesús es suficiente para nosotros. Cumple con todos los requisitos de la Ley de Dios. Es acepta para Dios el Padre. Y podemos reclamarla para nosotros por fe solo en Jesucristo.

Lee Romanos 5:10 y Hebreos 4:15 y 16. ¿De qué manera se relacione nuestra justicia con el ministerio viviente de Cristo en la presencia del Padre en el cielo?

La justicia que demanda la Ley se cumple en la vida perfecta de Jesús. Él murió por nosotros. Aunque fue rechazado por aquellos que le dieron muerte aquí en la tierra, fue recibido por el Padre en el cielo. Gracias a la resurrección, Dios el Padre colocó el sello de aprobación sobre la vida y obra redentora de Jesús. Ahora Jesús vive para interceder por nosotros (Heb. 4:15, 16), y deposita en nuestro favor los méritos de su muerte porque nosotros no tenemos la justicia necesaria para la salvación.

De ese modo podemos vivir porque él vive en nosotros. “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gál. 2:20). Cuando Jesús vive en nosotros, caminamos por el Espíritu (Rom. 8:4) y recibimos una nueva vida espiritual por el poder del Espíritu (comparar con Gál. 3:2-5; 5:16, 18).

La exaltación de Jesús hacia el Padre vindica su presencia entre nosotros por medio del Espíritu. Fortalecidos por su Espíritu Santo, sus discípulos viven en conformidad creciente con Cristo.

¿Has experimentado la realidad de cuán “inmundos” son en realidad tus propios intentos de justicia? ¿Qué te enseña esto acerca de tu necesidad de la justicia de Cristo?

Comente