Madre, sello del amor incondicional

Rosa Córdoba, madre de Víctor Angulo, niño embajador de la Lectura.

El telón de la noche aún no ha descendido y el reloj marca las cuatro de la mañana. Un ruido de ollas, cubiertos y otros utensilios hacen pensar que hay alguien cocinando. Y sí, no es una equivocación. Rosa Córdoba está atareada preparando un delicioso desayuno para su hijo que, en poco tiempo, despertará para ir al colegio en la región La Libertad, en Perú.

El reloj sigue su curso y ella pronto tiene que ir al mercado a comprar las verduras e insumos para su negocio. El brillo de sus ojos expresa satisfacción con ella misma, pero a la vez cansancio, pues ha dormido solo cuatro horas. “Mi prioridad es que mi hijo continúe estudiando y sea mejor”, afirma Rosa.

Debido a su situación económica, cada día se ve en la necesidad de salir a vender comida rápida en una de las calles de su vecindario. “Trabajo desde la tarde hasta casi la medianoche”, expresa. “De allí obtengo los ingresos para pagar los servicios de la casa y las cosas de mi hijo”, añade.

Las marcas en las manos son testigos de un intenso trabajo y su sonrisa es símbolo de ternura, sello de un amor incondicional. “Hay días en que los vecinos me traen su ropa para lavar. Toda ayuda es buena para sacar adelante a mi hijo y dar alimento a mi familia”, menciona Rosa.

Así son los días de aquella dama, una mujer esforzada, valiente y cuyo esfuerzo ha sido valorado en el país. Ella es la madre de quien ahora, en el Perú, es conocido como el niño Embajador de la Lectura, Víctor Angulo, de 12 años. “Agradezco a mi mamita por todo lo que hace por mí. Ella me quiere mucho y siempre está a mi lado”, sostiene el pequeño embajador que obtuvo la distinción al ser descubierto leyendo y haciendo sus tareas en una vereda, bajo el alumbrado público debido a que no contaba con el servicio de energía eléctrica en casa. “Prefería hacer mis tareas en la calle antes de sacar una mala nota en el colegio”, continúa.

Rosa es una de las tantas mujeres que se esfuerzan no solo por darles lo mejor a sus hijos, sino por formar hombres de bien para nuestra sociedad; empleando el arte de no medir horarios, ni límites, ni esfuerzos. Su amor siempre será la medicina que todos necesitamos y sus caricias son la mejor vitamina para el alma. Su mayor recompensa siempre será la felicidad de sus hijos.

Y es que no existen palabras exactas para agradecer a mamá, no existe el abrazo más grande para mostrar el cariño de una madre, ni la rosa más bonita podría simbolizar el amor maternal.

Hoy agradecemos a Dios por mostrarnos su gran amor a través de las madres. Que Dios derrame su bendición en ellas. ¡Gracias mamá! Feliz día de la madre.

[Prensa NT Perú, Rosmery Sánchez]


Comente