Hambruna en Somalia y el salvataje económico de Grecia, una paradoja
Publicado en Jueves, 18 de agosto de 2011 às 8:42Las últimas semanas han sido de caos en distintas partes del mundo, los motivos se relacionan al tema económico. En este sentido, la economía mundial pasa por otro de sus momentos críticos y que como siempre afecta a las naciones más débiles.
Entre estos casos llaman la atención el caso de Somalia y la tremenda hambruna que lo aqueja y la posible recesión en Europa. Al parecer los problemas económicos van infectando a otras naciones, por lo que a la vista de las grandes economías se hace muy necesario el rescate de naciones influyentes y que podrían ‘infectar’ a otras. Pero, también se ha señalado que una nueva recesión sería casi inevitable.
El asunto es que el Banco Mundial y Europa está dispuesto a entregar ayuda a Grecia, su deuda pública asciende a U$424.000 millones, de un total de U$14,27 billones de la eurozona. El tema de Grecia es tan solo la punta del iceberg debido a que distintas naciones del viejo continente requerirán también de ayuda.
En la otra cara de la moneda está Somalia, que requiere tan solo U$1.400 millones para atender las más urgentes necesidades de hambre, son 12, 4 millones de personas que necesitan con urgencia ayuda. De ellas 3,7 millones son somalíes, 4,5 millones de etíopes y 3,7 millones de keniatnas y cientos de miles de yibutíes.
La pregunta es ¿por qué la urgencia es con Europa, que no mueren de hambre y no Somalia y las naciones de África? Mientras las naciones más desarrolladas del mundo se ocupan de solventar y dar oxigeno a Grecia, millones de africanos corren el riesgo de morir de hambre.
Definitivamente es una paradoja sin sentido; por un lado la miseria y pobreza y por otro el confort del primer mundo. Mientras Jesús estuvo en la tierra señaló que antes de su regreso por segunda vez seríamos testigos de muchas catástrofes como terremotos, pestes y grandes hambrunas (Mateo 24:7), por cierto eso incluye las consecuencias dramáticas de las que somos testigos, como son la muerte de miles de personas por inanición en Somalia y la gran mayoría de ellos niños.
La descripción que hace Cristo no es más que una de las consecuencias del pecado, que desde que entró en este mundo sólo ha traído desastres, confusión y muerte. En segundo lugar es una consecuencia del accionar humano que lejos de los parámetros divino ha traído una desigualdad que a diario nos hace ver sus consecuencias en todo el mundo. Lo que hoy es la humanidad es el resultado de un accionar egoísta, pernicioso y hedonista, por ello es que las consecuencias en todo orden son negativas. El pecado ha corrompido incluso la lealtad del hombre para con el hombre, por ello las guerras, los pleitos y las desigualdades sociales.
Pero Jesús habló de esperanza; una esperanza real que no se basa en elucubraciones de gobiernos terrenos. Lamentablemente la pena, el dolor, la desigualdad, las injusticias sociales serán una característica de nuestra sociedad, hasta que Dios intervenga cumpliendo su promesa, de hacer nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21:1).
La extraordinaria mirada del Redentor presenta una esperanza garantizada no en especulación humana, ni política o económica. La garantía está en Él, Jesús dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).
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