Culpa: “Apreté su naricita contra mi pecho hasta la muerte”
Publicado en: Reflexiones
“En un día de desesperación, de desorientación, no sé cómo decir el motivo. Resolví que quitaría la vida de mi bebé de dos meses. Fui para mi cuarto, cerré la puerta y coloqué a ella en el pecho para que lacte… y, apreté su naricita contra mi pecho para asfixiarla… hasta la muerte. Yo sé, soy un monstruo… yo me arrepiento amargamente por lo que hice y guardo ese dolor, esa culpa es solo mía, ya que nadie sabe lo que sucedió, pues los médicos dijeron que fue muerte súbita de recién nacido… solo quien sabe la verdad soy yo, Dios y usted”
Que drama, verdad? Quiero hablar especialmente con usted que no es santo, que erra y está siendo aplastado por el peso de la culpa. Al inicio de la conversa, creí que el Cristo que nunca se distanció más de 300 kilómetros del poblado de Nazaret, donde nació, está tan cerca de usted a punto de oír y sentir su respiración. Mire para El! Vea su grande esperanza! La única y poderosa fuerza del universo lucha por usted, aun siendo tan culpable. Ningún clamor deja de ser oído pues Dios no pierde una oportunidad para perdonar y amar. Las manos que diseñaron el cielo estrellado acogen sus lágrimas, sanan las heridas y deshacen las nubes oscuras con fuertes rayos de luz, acaban con la oscuridad de todo corazón perturbado. Él no es una en muchas opciones. Es la opción de felicidad! Jesús continúa escuchando sus oraciones silenciosas y sintiendo sus dudas más profundas. El no desiste de usted! Transforma su camino estrecho y sin salida en una grande avenida y le ofrece descanso.
Los dedos que escriben en tablas de piedras (Éxodo 31:18) pueden tocarle ahora y remover todo sentimiento de culpa de este corazón de carne, sangre y pecado (Isaías 6:7). Aproveche este momento, no se culpe, pare de mirar para sí, entréguese a los pies del Maestro, líbrese a la fragancia de su fe. El ya le extendió la mano lacerada antes mismo de usted deslizarse y hundirse en ese pozo de problemas. El oyó su gemido, le perdonó y ya olvidó sus pecados. Acepte la ayuda de un Dios vencedor. Entregue su causa a aquel que se revistió de nuestros dolores, asumió todas las culpas y dice: “Está consumado, acabó, haré todo de nuevo”. Apocalipsis 21.
Hay nuevas oportunidades para un corazón afligido. Para quien violó, descuartizó, mató, mintió, acosó, corrompió, robó, asaltó. Para el peor de los pecadores. Dios perdona, olvida, limpia, cura, lanza la culpa al fondo del mar. Isaías 44:22; 43:25; 8:8-9.
Desde el Edén corremos al Creador y el Dios Todopoderoso corre para salvarnos. En este instante, el está actuando. El Dios que dio una nueva oportunidad para Eva, David, Pablo y Pedro puede levantar ahora su cabeza, mirar dentro de sus ojos y decirle: “Yo no te condeno”. Ese amor del Maestro es alivio para su corazón? “Vete y no peques más”. Anda, recomienza todo de nuevo, siga para un nuevo tiempo. Sea feliz..!!
Vamos a orar? Orar es poder.
Señor, muchas gracias por tu perdón. Lávame con tu amor, límpiame con tu misericordia, vísteme con tu gracia. Hazme olvidar mis caídas, recuérdame que soy tu hijo. Por favor restaura, cura mis emociones. Levántame Dios, abrázame Señor. Padre nuestro que estás en el cielo bien cerca de mí, santificado sea tu templo que es mi mente. Hágase tu voluntad en mi vida. Dame hoy la misericordia de cada día. Pues tuyo es el poder, la esperanza y la salvación. Amén..!!
Escrito por: J. Washington http://novotempo.com/novachance
Traduzido por: Italo Cevallos
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