Enseñe a sus hijos a manejar las bromas
Publicado en: Actualidad
Las burlas no se pueden prevenir ni se puede controlar lo que otros dicen, pero sí se puede aprender a controlar las propias respuestas y reacciones, lo cual hará que la burla sea más manejable. No es nada raro que un niño llegue a casa un día y se queje de que no es justo cómo los compañeros le molestan y embroman con una serie de cosas y, a pesar de que la profesora les amonesta, siguen haciéndolo. “Tú me has dicho que no les haga caso, pero ellos siguen molestándome todo el tiempo y eso no me gusta”, es un comentario que muchos padres posiblemente han escuchado.
Es natural que los padres que aman a sus hijos y se ven confrontados con esta clase de situaciones sientan que un pedazo de su corazón se ha roto. Es desesperanzador, por decir lo menos, saber que nuestros hijos están siendo rechazados o embromados de forma maliciosa por otros niños En momentos como estos no es raro sentir un dolor profundo en el corazón y, al mismo tiempo, una rabia muy grande.
Según el doctor Jim Fay, uno de los consultores y autores estadounidenses más reconocidos en el campo de la enseñanza y de la relación padres-escuela, no es raro que los padres se sientan molestos porque la escuela no protege a su hijo y no se den cuenta de que se ha puesto a los niños en sus manos porque confiaban en que estarían bien cuidados pero, aparentemente, no es así. “La triste realidad es que mientras más proteja una profesora a un niño que está siendo embromado por sus compañeros, estos niños molestosos mostrarán más resentimiento y agresividad. Cuando un profesor les pide a los alumnos que se comporten bien con un niño en particular, el mensaje que reciben los niños que andan en busca de camorra es que será necesario un rechazo más intenso y formas más crueles para ridiculizar a ese niño como respuesta a la ‘injerencia’ del maestro”, señala el experto.
Añade el doctor Fay que cuando los niños molestan y embroman a alguien, la única persona que podrá proteger al niño de tales bromas es él mismo, al no poner atención a lo que le dicen, con lo cual terminará por estar protegido contra cualquier broma del mal gusto.
“¿Se han dado cuenta de que a algunos niños nadie les molesta mientras a otros se les somete a constantes bromas pesadas? La verdad es que existe un patrón de comportamiento en ello. Los niños a quienes nunca el resto molesta son aquellos que no se preocupan ni les importa que les embromen. Ni siquiera se imaginan que alguna vez les van a molestar y es como si tuvieran un áurea alrededor de ellos en la que se pudiera leer la frase ‘yo sé cómo manejar estas cosas’. En cambio los niños a los que constantemente les embroman son aquellos que se preocupan hacer el ridículo y envían mensajes no verbales que indican su falta de autoconfianza y su temor a ser embromados”, señala el doctor Fay. Además, añade que hay ciertos niños especialmente conectados con las señales no verbales de la debilidad y, sin darse cuenta de ello, emiten esos temores a aquellos niños que logran percibirlos y disfrutan molestándoles. Dos metas subconscientes se ponen en juego, la primera es: “Yo puedo demostrar a otros que soy superior que ese niño” (al que embroman); y la otra es: “Ese niño es débil y debo entonces demostrarle que necesita volverse más fuerte”.
Lo que debemos los adultos recordar siempre es que nada de esto sucede en realidad a un nivel consciente y que solamente sucede y parece ser algo propio de la naturaleza humana. Por eso, la clave para conseguir que nuestros hijos sepan manejar cualquier broma es ayudarles a desarrollar habilidades que le permitan manejar las bromas. Una vez que el niño se dé cuenta de que puede manejar el problema, cambiará su actitud no verbal y los otros niños reconocerán esto y empezarán a buscar otras víctimas a quienes embromar.
Un profesor de segundo grado, muy astuto por cierto, tiene una clave muy acertada para conseguir que todos los niños de su clase aprendan a manejar las bromas. El primer día de clases les dice a sus alumnos: “La razón por la que algunos niños molestan y embroman a otros niños es porque esto les hace sentirse superiores. Ahora bien, ustedes pueden dejarles que se salgan con la suya o pararles en seco para lo cual lo primero que tenemos que hacer es practicar lo que denomino como una ‘apariencia tranquila’, esto es parase con las manos en los bolsillos, moviendo el cuerpo hacia delante y atrás y manteniendo una media sonrisa”.
El profesor les pide practicar esto una y otra vez y cuando todos han logrado esa “apariencia tranquila”, les pide que hagan exactamente eso si alguien les molesta o les hace una broma pesada. Les pide además que den las gracias a quien les embroma por querer compartir unos momentos con ellos, a sabiendas de que cualquier bromista se sentirá desarmado si escucha algo semejante cuando está intentando molestar a otro niño. Según este profesor, la cantidad de quejas respecto de las bromas pesadas y molestias de ciertos niños han disminuido en más de un 90%.
Esta misma estrategia puede ser usada por los padres de aquellos niños que llegan a casa a contarles que hay algunos compañeros que intentan molestarles y burlarse de ellos.
Clases de burlas
Las burlas juguetonas o humorísticas son aquellas de las que todo el mundo se ríe, incluyendo la persona a la que se les está haciendo la broma.Pero hay burlas que pueden causar daño cuando incluyen el ridiculizar, usar nombres ofensivos, insultar y decir o hacer cosas molestas. A diferencia de las burlas inofensivas que se hacen por juego, las burlas que causan daño pueden causar que la persona embromada se sienta tiste, herida o de mal genio. Aquellas burlas más hostiles que buscan acosar a la persona y atormentarla requieren de la intervención de los adultos: padres y maestros.
Los niños se burlan por diversas razones: para recibir mayor atención, para imitar a otros a manera de revancha, porque quizás en casa sus hermanos mayores hacen eso y también cuando quieren demostrar superioridad y poder para intimidar a otros.
Algunos niños, asimismo, se burlan de otros con el propósito de buscar la aceptación de ciertos niños burlones que dominan la escena escolar, es lo que se conoce como una necesidad de pertenencia y también de ser parte del grupo de los “populares”.
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