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La historia de Alberto Durero (1471-1528)

Durante el siglo XV, en una pequeña aldea cercana a Nuremberg, vivía una familia con 18 niños. Para poder poner pan en la mesa para tal prole, el padre y jefe de la familia trabajaba casi 18 horas diarias en las minas de oro y en cualquier otra cosa que se presentara. A pesar de las condiciones tan pobres en que vivían, dos de los hijos de Albrecht Durero (Dürer, en alemán) tenían un sueño. Ambos querían desarrollar su talento para el arte, pero bien sabían que su padre jamás podría enviar a ninguno de ellos a estudiar a la Academia.

Después de muchas noches de conversaciones calladas entre los dos, llegaron a
un acuerdo. Lanzarían al aire una moneda. El perdedor trabajaría en las minas para pagar los estudios al que ganara. Al terminar sus estudios, el ganador pagaría entonces los estudios al que quedara en casa, con las ventas de sus obras, o como fuera necesario. Lanzaron al aire la moneda un domingo al salir de la Iglesia. Alberto ganó y se fue a estudiar a Nuremberg. Albretch comenzó entonces el peligroso trabajo en las minas, donde permaneció por los próximos cuatro años para sufragar los estudios de su hermano, que desde el primer momento provocó un impacto en la Academia.

Los grabados de Alberto, sus tallados y sus óleos llegaron a ser mucho mejores que los de muchos de sus profesores, y para el momento de su graduación, ya había comenzado a ganar considerables sumas con las ventas de su arte. Cuando el joven artista regresó a su aldea, la familia Durero se reunió para una cena festiva en su honor. Al finalizar la memorable velada, Alberto se puso de pie en su lugar de honor en la mesa, y propuso un brindis por su hermano querido, que tanto se había sacrificado para hacer sus estudios una realidad.

Sus palabras finales fueron: “Y ahora, Albretch hermano mío, es tu turno. Ahora puedes ir tú a Nuremberg a perseguir tus sueños, que yo me haré cargo de ti”. Todos los ojos se volvieron llenos de expectativa hacia el rincón de la mesa que ocupaba Albretch, quien tenía el rostro empapado en lágrimas, y movía de lado a lado la cabeza murmurando una y otra vez: “No… no… no…”.


Finalmente, Albretch se puso de pie y secó sus lágrimas. Miró por un momento a cada uno de aquellos seres queridos y se dirigió luego a su hermano, y poniendo su mano en la mejilla de aquel le dijo suavemente: “No, hermano, no puedo ir a Nuremberg. Es muy tarde para mí. Mira lo que cuatro años de trabajo en las minas han hecho de mis manos. Cada hueso de mis manos se ha roto al menos una vez, y últimamente la artritis en mi mano derecha ha avanzado tanto que hasta me costó trabajo levantar la copa durante tu brindis… Mucho menos podría trabajar con delicadas líneas el compás o el pergamino y no podría manejar la pluma ni el pincel. No, hermano… para mí
ya es tarde”.

Han pasado desde ese día hasta hoy casi 500 años. Hoy en día los grabados, óleos, acuarelas, tallas y demás obras de Alberto Durero pueden ser vistos en museos alrededor de todo el mundo. Pero seguramente usted, como la mayoría de las personas, sólo recuerde uno. Lo que es más, seguramente hasta tenga uno en su oficina o en su casa. Un día, para rendir homenaje al sacrificio de su hermano Albretch, Alberto Durero dibujó las manos maltratadas de su hermano, con las palmas unidas y los dedos apuntando al cielo. Llamó a esta poderosa obra simplemente “Manos”, pero el mundo entero abrió de inmediato su corazón a su obra de arte y le cambió el nombre por el de “Manos que oran”.

La próxima vez que vea una copia de esa creación, mírela bien. Permita que sirva de recordatorio, si es que lo necesita, de que nadie, nunca, ¡triunfa solo!

Alberto Durero (en alemán Albrecht Dürer) (Núremberg; 21 de mayo de 1471Núremberg; 6 de abril de 1528) es el artista más famoso del Renacimiento alemán, conocido en todo el mundo por sus pinturas, dibujos, grabados y escritos teóricos sobre arte, que ejercieron una profunda influencia en los artistas del siglo XVI de su propio país y de los Países Bajos.

Al igual que el hermano de Alberto y mucho más yo diría, Jesús, no solo dio sus manos, sino su vida entera para que nosotros podamos tener esperanza de una vida mejor, El solo espera que le abramos nuestro corazón.

Que tengan un lindo fin de semana..!!


 

 

4 comentarios para "La historia de Alberto Durero (1471-1528)"

  1. esmeralda¡¡¡ dice:

    hola me gusta saber cosas pero no pone nada y yo tengo que hacer un trabajo
    inportate

  2. Esta historia no es cierta. El padre de Alberto fue orfebre no minero, en un inicio fue el que le enseño a pintar a Alberto. En la historia no se mencionada nada del supuesto hermano que pago sus estudios. Lo unico cierto es la obra titulada Estudio de Manos la cual fue pintada en 1508.

    1. quiero saber si esta historia es real o no?? saben de alguna fuente para corroborar su autenticidad

  3. denisse dice:

    wowwww
    me encanto la historia
    nunca había sabido eso de Durero y menos de las manos me encanto!!!!!

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