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Enfrentando a nuestros gigantes


Enfrentando a nuestros gigantes

 

Mide 2,20 m., pesa 260 kg. y calza enormes zapatos. André, el gigante ruso, espectacular miembro de la Federación Mundial de Lucha, luce una figura intimidante. Es un hombre macizo. Su formidable y sobresaliente estampa produce terror en el corazón de cualquiera que se atreva a subir con él al cuadrilátero para luchar.

 

Pero los gigantes que nosotros enfrentamos son reales. Son gigantes filosóficos, educativos, financieros, personales o profesionales. Ellos se yerguen sobre el panorama oscureciendo nuestra visión, amenazando nuestra estabilidad y haciendo peligrar nuestro futuro.

 

Consideremos algunos de los gigantes:

 

El humanismo secular es uno de ellos. Afirma que la humanidad es la creadora y árbitro de nuestro destino. Desfila alrededor de nuestros predios académicos disfrazada de objetividad científica, diciendo: “Abandona tus presuposiciones religiosas y acepta los resultados ‘indiscutibles’ del empirismo científico. No hay nada sobrenatural en este mundo. Todo lo que vemos puede ser explicado por causa y efecto”.

 

Otro gigante que enfrentamos es el relativismo moral. Este gigante dice: “Moral es todo aquello que responda a tus necesidades. No hay un código moral absoluto. Haz lo que te haga feliz”. Este gigante desfila por este mundo sigilosamente.

 El materialismo es otro gigante opresivo. Se anima a ver la adquisición de conocimientos y un título no como un medio de prestar un servicio más amplio, sino como un recurso de adquisición material. El automóvil, la casa, la indumentaria pueden hacer la “buena vida”.

 

Estos son sólo algunos de los gigantes que enfrentamos en nuestra vida, pero el hecho a considerar no es si los enfrentaremos eventualmente, sino más bien, dónde, cuándo y cómo lo haremos. Tal vez la historia de David y el gigante nos resulte de alguna ayuda.

 

David y su gigante

David era un niño pastor y nada más. El menor de una familia de ocho hijos. Conocía sus ovejas.Tañía su arpa. Podía cantar. Pero difícilmente podría enfrentar al gigante Goliat que medía 2,75 m., pesaba posiblemente 425 kg., había sido soldado desde su infancia y con sus amenazas belicosas desnudaba el escalofriante temor que se ocultaba bajo el valor del ejército israelí. La armadura de bronce que llevaba Goliat pesaba más de 60 kg., lo cual era más de lo que el mismo David pesaba. Goliat se levantaba sobre el horizonte de Israel como un hombre-montaña de tecnología combativa.

 

En ocasiones, nosotros también debemos confrontar nuestros “goliats”. El tuyo podría ser el Goliat de una niñez abusada. O podría ser el Goliat de un matrimonio no feliz o una familia quebrantada. O podría ser el Goliat de una situación financiera deteriorada, la pérdida irreparable de uno de los padres, o todavía peor, la muerte de un hijo. Goliat nos encuentra cuando los desafíos superan nuestros recursos; cuando estamos en desventaja y desarmados. ¡Allí Goliat es real!

 

En el nombre del Señor

Goliat se aparecía cada día. Era el símbolo de la fuerza filistea contra Israel. Cada día, por cuarenta días se paró sobre una colina que dominaba los campamentos israelíes, proclamando su desafío. Israel quedaba desvalido.

David escuchó la blasfemia. Vio el gigante y le preguntó a Saúl: “¿Quién es este gigante que desafía los ejércitos del Dios viviente?” Entonces le propuso: “Yo me haré cargo de él”. Saúl podía sentir sólo piedad por el muchachito. Pero David tenía un ‘curriculum vitae’ de gran valentía. Un león. Un oso. Y sobre todo, el Espíritu del Señor. “Yo puedo hacer caer al incircunciso filisteo”.

 

La reacción de David nos dice dónde enfrentar nuestros gigantes: en la intersección de Valentía y Capacidad. Valentía es una cualidad de los dirigentes que todos necesitamos. Valentía es la disposición a enfrentar nuestros desafíos sin temor. Capacidad es la cualidad necesaria para vencer a nuestros gigantes. Enfrentar a nuestros gigantes requiere poseer ambas virtudes

 Los gigantes del humanismo, relativismo y materialismo no pueden derrotar nuestra experiencia personal con Dios. Tenemos que mostrar la decadencia de esas ideas, pero ello sólo puede ser hecho desde la plataforma de una experiencia cristiana.

 

Cuando David dijo: “Yo voy “, Saúl lo vistió con su armadura real. Pero David dijo: “No puedo ir con todo esto. . . No estoy acostumbrado”. Así que se la sacó, diciendo: “Sólo puedo enfrentar mi gigante con mi propia personalidad y estilo. Yo no puedo ser como tú, oh rey. Tengo que ser yo mismo”. Aquí se revela cómo necesitamos enfrentar a nuestros gigantes: con seguridad y confianza propia.

 

Volvamos a la historia. Llega el momento.  El joven David se acerca al filisteo. Goliat exhaló un silbido de desdén hacia David: “¿Soy un perro yo para que vengas a mí con palos?”. Y David le replicó: “Tu vienes a mí con espada y lanza. Mas yo vengo a ti en el nombre del Señor todopoderoso”.

 

Seguridad primero

La declaración de David revela dónde encontrarse con nuestros gigantes. Tenemos que encontrar a nuestros gigantes sólo después de tener la seguridad de que Dios está con nosotros

 

David busca dentro de su bolsita, escoge una piedra para su honda, hace chasquear en el aire el cuero de esa honda y avanza hacia el poderoso gigante. En su corazón estaba las palabras  ENFRENTALO.  Cuando aquél levanta el casco, David lanza la piedra que corta el aire mordiendo la frente de esa cabeza enorme. El filisteo se va hacia adelanten  y se  desploma. ¿Es este el hombre que hizo temblar los ejécitos de Israel? ¡Sí, este es el hombre! Derribado por un solo disparo de la honda de un pastorcillo.

Esa es la voz de Dios para ti y para mí. Enfrenta a los gigantes en la esquina de Valentía, Capacidad y Compromiso. Enfréntalos con seguridad y confianza en ti. Enfréntalos luego de que tengas la plena seguridad de que Dios está contigo.

 

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  • sandra guerrero em 27 de julio de 2011 23:48

    en cada dia que pasa uno lucha con grandes gigantes en nuestras vidas, como decia un dia una hermana goliat y david, aveces pueden venir muchos gigantes y quieren destruirnos pero nosotros somos los pequeños david hijos del padre celestial y con la ayuda de el nadien nos destruira porque somos ovejas de su rebaño, y ahi esta la oracion la arma poderosa de nuestra vida junta a su palabras dios los bendiga…..