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ANA

Realización y alegria

¿Sabías que en la Biblia podemos encontrar historias de mujeres con problemas y tribulaciones muy parecidos a los que vivimos hoy en día? ¿Y que ellas pueden ser un ejemplo para aplicación en nuestras vidas?  Ana, la madre de Samuel, es un ejemplo para muchas mujeres de nuestra época, ¿quieren saber por qué?

Ana estaba casada con El Cana y como era comun en su época, aquella mujer que en su juventud no tenía hijos era humillada delante de la sociedad. Esto es precisamente lo que le acontecía a Ana. Su corazón imploraba a Dios que le concediera un bebé pues eso le daría la felicidad que le hacía falta. Su oración constante y ferviente la llevaron a confiar completamente en Dios. Y oraba diciendo: “Señor si me concedes el deseo de mi corazón y me dieras un hijo varón te lo dedicaré todos los días de su vida”.

Ella acostumbraba ir al templo para comunicarse con Dios donde oraba muy fervientemente con su corazón y su mente, pero cuando se sentía con mucho dolor lloraba y movía sus labios hablando con Dios en su interior. Ana Tuvo que soportar la humillación y confusión del sacerdote del templo pues pensó que ella tenía problemas de alcoholismo y que llegaba al templo embriagada.  Un día el sacerdote le llamó la atención a lo cual ella respondió que estaba equivocado que su corazón estaba muy afligido y triste, ella hablaba con Dios por su pedido especial.

La historia de Ana demuestra el poder de la oración, la realizacion y la alegría pues Dios le contestó no sólo dándole un hijo sino también dándole consolación en su aflicción.

Ella fue madre de uno de los principales profetas después de Moisés. Tuvo un hijo excelente pero ella también fue una excelente madre. Ella representa la maternidad ideal dedicada, humilde y consagrada al Señor. En este caso Dios usó la espera de Ana como una bendición para ella, para su esposo y para su hijo Samuel.

¿Y tú,  estás esperando pacientemente una respuesta a una oración que aún no fue contestada? Nosotras también podemos orar como Ana, mujeres que orando fervientemente por causa de alguna necesidad que guardan los corazones puedan encontrar en el Señor la respuesta y la consolación necesitada. Su historia de abnegada oración nos enseña para que sigamos confiando en Dios. 

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