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Una historia de amor y superación

El Equipo Hoyt son un padre (Dick Hoyt) e hijo (Rick Hoyt, nacido en 1962) en Massachusetts que compiten juntos en maratones, triatlones y otros desafíos físicos. Rick tiene una discapacidad adquirida al momento de nacer por falta de oxígeno a su cerebro, ya que su cordón umbilical se enredó alrededor de su cuello, lo que le originó una parálisis cerebral. Dick lo lleva en una silla especial acoplada al frente de su bicicleta, lo arrastra en un bote especial cuando nadan y lo empuja en una silla de ruedas adaptada cuando ellos corren.

Gracias a sus padres, que ignoraron el diagnóstico de los médicos que indicaron que el se mantendría en un estado vegetal persistente y a los ingenieros de la Universidad Tufts, que reconocieron que su sentido del humor indicaba inteligencia, a los 12 años Rick fue capaz de aprender a usar una computadora especial para comunicarse, usando movimientos de su cabeza. Las primeras palabras que él logró escribir fueron “Vamos Bruins”, el equipo que a él lgustaba y fue entonces que la familia comprendió que era un fanático de los deportes.

Ellos entraron a su primera carrera en 1977, una carrera benéfica de 5 millas para un jugador de lacrosse lesionado que fue compañero de escuela de Rick.
Dick es un Teniente Coronel retirado de la Fuerza Armada de los Estados Unidos en la Guardia Nacional Aérea. Rick logró un Grado académico de la Universidad de Boston en Educación especial y ahora trabaja en el Colegio de Boston. Ellos continúan compitiendo en carreras y además, son Oradores motivacionales.

Hasta septiembre de 2009, el Equipo Hoyt participó en un total de 1009 eventos, incluyendo 234 Triatlónes (6 de los cuales fueron competiciones Ironman, Carrera que consta de de 3.800 metros de natación, 180 km de ciclismo y 42,2 km de trote), 21 Duatlónes y 67 Maratones, incluyendo 27 Maratones de Boston consecutivas. Ellos además han manejado bicicleta y corrido a lo largo de los Estados Unidos en 1992, una jornada de 3,735 millas que les tomo 45 días.

Cuando una vez se le preguntó a Rick que cosa desearía darle a su padre, el respondió “La cosa que yo más quiero es que mi padre se siente en la silla y que yo pueda empujarlo.”

Este es un lindo testimonio de lo que el amor de un padre puede llegar a hacer por darle la felicidad a su hijo. Es una historia de esfuerzo y superación de toda una familia, en la que podemos ver que el amor y la voluntad pueden hacer lo impensado. Este padre hace un esfuerzo, que para muchos parece sobrehumano, pero que para él no significa nada cuando ve a su hijo levantar el brazo para celebrar que cruzaron la meta.
Aquí pueden ver un lindo video que les hicieron:

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