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¿Los desastres naturales son castigo de Dios?


Esta es una pregunta difícil. No puede ser respondida sencillamente al citar un pasaje bíblico. Requiere un cuidadoso estudio de la naturaleza de Dios, cómo se relaciona él con el mundo natural y los vínculos entre los seres humanos, el pecado y la naturaleza. Estos son grandes temas teológicos que siempre han llevado a diferencias de opinión entre los eruditos. A continuación aparecen algunos aspectos del tema que parecieran estar claramente presentado en la Biblia.
1. El vínculo entre Dios y la naturaleza: Cuando Dios hizo a los seres humanos a su imagen y les dio dominio sobre el mundo natural, los separó del resto de la creación como únicos (Gén. 1:26, 27). En aquel momento, se estableció una estrecha conexión entre la humanidad y la naturaleza. La creación fue colocada bajo el domino de los humanos; el destino de la creación iba a estar determinado por las elecciones y las decisiones de la humanidad. Los humanos, como representantes de Dios, habían de reinar sobre la naturaleza tal como él lo había proyectado. El vínculo entre la naturaleza y la humanidad era tan estrecho, que trastocar el orden moral de los seres humanos trastocaría la forma en que el mundo funcionaba.
Una vez que el pecado y el mal entraron en el mundo, todo cambió (Rom. 5:12). A causa de la rebelión de Adán y Eva, el resto de la creación natural “fue sujetada a vanidad” (Rom. 8:20). Los humanos y la naturaleza ahora ambos gimen bajo la carga del pecado y del mal (vers. 22). Pero la conexión entre los humanos y la naturaleza también tiene consecuencias positivas. La redención de la humanidad incluye la redención del mundo natural. La naturaleza “será libertada de la esclavitud de corrupción” (Rom. 8:21; ver Isa. 65:25).
2. Dios como Creador, Sustentador y Preservador del mundo natural: Lo primero que nos dice la Biblia acerca de Dios es que él creó “los cielos y la tierra” (Gén. 1:1). Aparte de Dios, todo lo demás en el universo ha sido calificado como “creado”. Esto establece una amplia distancia y distinción entre Dios y su creación, que es salvada solo por medio de su amor y la mediación de su Hijo.
La creación es finita por naturaleza; solo Dios es infinito. Por lo tanto, Dios es el que sustenta el mundo natural. Librado a su propia suerte, el mundo caería en el caos y dejaría de existir. La naturaleza no posee vida en sí misma. Dios, por medio de Cristo, es el que lo mantiene en funcionamiento y lo protege (Neh. 9:6; Col. 1:17). Dios no solo sustenta la naturaleza; también la preserva. La existencia del mundo natural es maltratada por la presencia de los poderes malignos que están en la creación de Dios. Así, Dios lucha contra las fuerzas del caos, limitando sus incursiones en el mundo natural, y promete liberarlo de su esclavitud a la decadencia (Job 38:8-11; Sal. 107:29; Rom. 8:21).
3. Dios, los desastres naturales y el pecado: Los desastres naturales han de ser esperables en un mundo de pecado y de mal. no son la excepción a la regla, sino la regla misma. Inusual es que no haya más de ellos. La presencia “discontinua” de los desastres naturales nos dice que Dios aún está al control, sustentando y preservando la naturaleza.
Habiendo dicho eso, el hecho de que Dios se oponga a las fuerzas del man en el mundo natural no significa que el vínculo entre la rebelión humana y el mundo natural haya sido totalmente destruido. La Biblia enseña que el pecado humano influye grandemente en el mundo natural, permitiendo un aumento en la invasión del mal sobre él (por ejemplo, Gén. 3:17, 18; Lev. 18:25; Isa. 24:3-6; Jer. 12:4). Los humanos, por medio de la rebelión y la indiferencia hacia Dios, puede expulsarlo de su vida y romper el orden que él creó en el mundo natural. Cuando estu sucede, el poder sustentador y preservador de Dios en el mundo natural se ve reducido significativamente. Al distanciarnos de Dios, los humanos también hemos fortalecido apoderamiento del pecado sobre el mundo natural. El resultado es el caos y el desorden (por ejemplo: Sal. 104:29, 30). El aumento de la rebelión, la apostasía y el pecado en los últimos días traerá como resultado un incremento en los desastres naturales.
Pero existe otra dimensión en la interacción entre Dios y los desastres naturales: Algunas veces, Dios utiliza los desastres naturales para limitar el pecado y abrir nuevas posibilidades para sus criaturas (por ejemplo: Gén. 6:5-8; Amós 4:6-11). Identificar correctamente estos casos particulares es muy difícil.

Autor: Ángel Manuel Rodríguez
Biblical Research Institute

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