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Falta poco, aunque falte mucho


Desde que el mundo es mundo esperamos al Mesías. Siempre fue notable la necesidad de una intervención exterior en nuestra realidad caída. El Mesías vino y nos dejó su Reino, así como la promesa de que volvería para buscarnos y establecería su Reino de una vez por todas. Desde entonces, eso ha sido lo que esperamos. Desde los días de Jesús sus seguidores esperan ansiosamente su regreso. En este momento de la historia nos pesa el hecho de que esa espera ya lleva más de dos milenios. Es mucho tiempo.

Algunos se sienten tentados a dudar del día o a descansar en relación a su búsqueda. Impresionados por la prolongación del tiempo de espera en relación al tamaño de sus vidas se ven como un átomo frente a un elefante. Si él no vino hasta ahora, ¿por qué vendría en mis días? ¿Qué posibilidades hay de poder contemplar su venida?

En la parábola de las diez vírgenes que Jesús contó en el Monte de los Olivos, en su último discurso a la multitud, ya nos alertó que habría una aparente demora para los que esperaban al “novio” y una “somnolencia” en todos los que lo esperaban. Y más que somnolencia, se durmieron realmente. Y para que la imagen fuera más real y vívida, Jesús llegó al extremo de compararla a un “ladrón”. Un ladrón que inesperadamente entra en acción, pues así habría de ser la segunda venida de Cristo, de tal manera que sorprendería. Hay que considerar aquí que seguir a Cristo incluye esperar ese día, miles de personas de todas las eras lo hicieron así, es la mayor espera de la historia de la Tierra, ¿y aun así nos tomará por sorpresa?

Posiblemente la indicación de Cristo sobre esa cuestión sea que cerca de su venida las personas ya no estarían esperando tanto. Afirmaciones como “pero cuando venga el Hijo de hombre ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8) dejan claro que el caso de la sorpresa tiene que ver con nuestra posición de alerta o con la falta de ella.

Tal vez usted esté tentado a creer que todavía falta mucho tiempo. Yo sé cómo es, también tengo esa tentación. Y no, yo no estoy aquí para decir que su vida es corta y por eso usted tiene que prepararse para el regreso de Jesús porque no sabe qué día morirá. Eso es una gran verdad, no sabemos qué día moriremos, puede ser en cualquier momento (no voy a dar ejemplos porque las personas son muy sensibles a ese asunto, pero usted sabe cuán inesperado puede ser eso).

No voy a usar ese argumento porque no funciona. La verdad es que aunque sabemos que podemos morir en la próxima esquina, nadie vive como si le fuera a pasar a él. Todos pensamos que la muerte está lejos. Y mejor así entonces, porque si no viviríamos estresados y enloquecidos.

La cuestión no está en el tiempo de su vida, sino en el tiempo de vida de los demás. Está bien, usted cree que todavía tiene mucha vida por vivir, pero ¿y las personas que usted ama? ¿Cuántas ya perdió? ¿Cuántos amigos partieron de manera inesperada? Y muchas veces se van varios de una vez de esta existencia (como la triste infelicidad con el avión del equipo Chapecoense). Y si usted se detiene a pensar en cuántas personas existen en el mundo hoy que ni siquiera saben de la mayor esperanza de todas y que la intervención del bien está en camino.

 

Fuente: adventistas.org

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