Observación más experimentación es igual a conocimientos. Esta es la lógica de aquellas ciencias cuyos contenidos pueden sistematizarse a partir del lenguaje matemático. Prácticamente objetivas, aparentemente puras, consistentemente duras y por eso quizás, fundamentales. Ciencias exactas, que aunque han dejado de responder a la condición plena de exactitud, a la hora de comprobar sus hipótesis aún se aferran con precisión y rigurosidad al método científico buscando la irrefutabilidad de sus postulados valiéndose de predicciones cuantificables y objetivas.
Sean experimentales o no, aplicables a la vida cotidiana o axiomas validados tan sólo por su consistencia teórica, estas ciencias viven y conviven con el ser humano haciendo preguntas, pero sobre todo encontrando respuestas. Agentes indispensables para la construcción y mantenimiento de la sociedad, serán ellas las que al articularse con otras ciencias, hará posibles la proyección, organización, aplicación, gestión y administración de cada uno de los componentes de una sociedad.
Ya sea en el hogar o en las calles, en la escuela o el trabajo, en el mundo real o el virtual, los seres humanos se desenvuelven, posicionan y maniobran según su capacidad para establecer relaciones. Serán relaciones de amistad, afecto, poder, subordinación. Fáciles de establecer, difíciles de mantener y aún más de comprender.
Las ciencias humanas serán aquellas encargadas de indagar todos aquellos aspectos comunes y peculiares a cada ser humano, aquellas características compartidas a través de las cuales será posible comenzar a entender aquel objeto de estudio que resulta ser el más difícil de todos: nuestra humanidad.
Filosofía, psicología, ciencias sociales, historia y pedagogía. Quien elige recorrer alguno de estos caminos deberá primeramente deshacerse de preconceptos y nunca conformarse con lo obvio.
Porque será la filosofía la que buscará el porqué de los porqués. La historia, lo que sucedió en el pasado y sus implicaciones para el presente. Las ciencias sociales por su parte, tendrán como objetivo la comprensión de las relaciones que los hombres establecen entre sí y con el mundo. Mientras que el interés de la psicología será velar por las relaciones del hombre consigo mismo, su mente, sus comportamientos y si de comportamientos hablamos, hablamos de pedagogía la cual hará sujo el desafío de entender y mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje.
Son varios los caminos a recorrer en el mundo del estudio de lo humano, rodeados de textos y pretextos de juicios y prejuicios, el objetivo continúa siendo el mismo: entender y mejorar la condición del ser, su cultura y su sociedad.
Son las ciencias aquel conjunto de conocimientos acumulados sistemáticamente. Estructurados a través de la observación, el uso de la razón y la experimentación. Una investigación permanente que por medio de hipótesis, principios, leyes y sistemas desenvolverá aquellos saberes específicos que al articularse trabajarán juntos en favor del ser humano.
Un individuo físico, mental y social que en su búsqueda de un completo bienestar recurrirá a las ciencias, y entre ellas, las ciencias de la salud. Y es que si la salud se define como un estado de completo bienestar físico, mental y social, no solamente encarna la ausencia de afecciones o enfermedades, sino que como diría René Dubos: “La salud es principalmente una medida de la capacidad de cada persona para hacer o para convertirse en lo que quiere ser.”
Descubrir quién somos y elegir quienes queremos llegar a ser, es quizá una de las más supremas facultades que nos han sido dadas y quien escoge no sólo cuidarse a sí mismo sino además cuidar del otro, elige también dar vida.
Vida propia como sinónimo de dedicación al estudio e investigación de los procesos vitales de los organismos. Y vida hacia los demás, en cuanto al proceso de aplicar dichos conocimientos para encargarse de mantener, reponer y mejorar la salud del otro.
Ser un profesional dedicado a la salud será comprometerse a prevenir, tratar, erradicar la enfermedad y en definitiva, convertirse en un medio a través del cual se puedan acercar la teoría y la práctica para poner a la ciencia al servicio de la salud.
La vida está llena de elecciones, decisiones y consecuencias que transcurren una tras otra consecutivamente, a velocidad inconstante pero con recorrido permanente. Como una decisión hace a la otra, el sueño de una carrera profesional deriva en la importante elección de una universidad.
Marcada por las diferencias personales, los proyectos individuales, los intereses y las capacidades particulares, la elección de una universidad sólo será la correcta en la medida en la que se adapte al alumno, en sus sueños, sus necesidades, su proyecto profesional.
Pero decidir dónde estudiar no será una decisión fácil, la oferta de carreras y universidades aumenta año a año acrecentando el número de opciones y variables, y con ellas, la incertidumbre y la inseguridad ante el miedo de no ser capaz de encontrar aquella institución que se convertirá en la propia madre académica, la encargada de alimentar con conocimiento, nutrir de sabiduría y enriquecer el crecimiento integral del ser convirtiéndose en su Alma Mater.
Elegir una carrera puede ser una tarea difícil, o al menos, una tarea que requiere compromiso y cierto trabajo. Por un lado, compromiso con uno mismo, para pensar en lo que se quiere hacer y en las actividades de preferencia, y por otro, el trabajo de conocer e informarse sobre las posibles ofertas disponibles.
Sumergidos en un entorno económico incierto y con una oferta académica que se multiplica, los estudiantes deben enfrentarse a un proceso complejo en el que muchas veces la información resulta difícil de comprender y utilizar.
Son muchas las variables en juego a la hora de elegir una profesión, por eso la clave está en determinar primeramente los criterios que regirán el proceso de elección, de tal forma que si la elección es hecha correctamente, será más resistente y contará con más argumentos a la hora de enfrentarse a la inseguridad y los replanteos que caracterizan a esta etapa.
La realidad es que ni el haber realizado una elección racional y consciente implica, necesariamente, una garantía. Por eso permanecer o modificar la decisión no debe evaluarse en términos de éxito o fracaso. La experiencia demuestra que no fracasa en su decisión aquel que puede llegar a cambiar de opinión; sino el que se inscribe en una carrera sin elegir o madurar alguna idea que le permita asumirse como protagonista de su propia vida.
Elegir una carrera compromete lo más íntimo de cada persona: lo que quiere hacer, las cosas que más le gustan, sus pasiones y habilidades. Pero esto debe conjugarse con un aspecto exterior respecto de uno: el mundo en que vivimos, las profesiones, los trabajos que existen y las posibilidades que se nos ofrecen. Estos dos aspectos, las voluntades personales y las ofertas del mundo, serán los factores principales que interactuarán activamente en la que será una de las decisiones más cruciales de la vida.
Decisión relacionada con profesión pero también con vocación y es que vocación no se define ni determina simplemente con la elección de una carrera, sino que continúa desarrollándose a lo largo de la vida. Cambiando, redefiniéndose, recreándose a partir de múltiples factores internos y externos.
Vocación será entonces un camino que se construirá a través de elecciones y, lejos de ser un llamado sobrenatural y unívoco, será el resultado de una decisión racional y consciente.
Decisión que podrá ser tomada autónoma y auténticamente sólo tras una basta investigación vocacional y un proceso de reflexión y autoconocimiento que, para el bien del joven, podrán ser incentivados tempranamente desde la familia, la escuela, y en su momento, una ayuda profesional específica.
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