Conquistadores, una generación a todo terreno

“Conquistadores somos, los siervos del buen Señor; adelante vamos ya, luchando bien con gran valor”, canta las primeras letras del himno de los Conquistadores, los adolescentes que se visten de valentía y entusiasmo para proclamar el amor de Dios a la humanidad.

Aquellos que se distinguen por los colores verde y beige son amantes de la pañoleta amarilla y se caracterizan por ser “a todo terreno”. Así lo describe Danna Rangel Alvarado, una madre de familia que desde sus 9 años es parte del Club de Conquistadores en Ecuador.

“Estoy en el Club gracias a mis padres. Ellos fueron los fundadores del Club de Conquistadores en Guayaquil y fueron los que me motivaron a ser parte de esta aventura de vida”, cuenta Danna. “Hace 44 años, llegaron algunos pastores de Estados Unidos a mi iglesia con la idea de formar un club”, agrega.

Sus padres decidieron asumir el liderazgo e hicieron la convocatoria a los niños de la iglesia, animándolos a vivir una experiencia diferente. Danna era muy pequeña y no aún no podía participar. “Cuando el club inició sus actividades, mis hermanas mayores comenzaron a asistir. Yo veía lo que ellas hacían y tenía curiosidad por ir también. No veía la hora de entrar en las filas también”, expresa Danna. Al cumplir la edad requerida, ella inició la carrera de ser parte del Club de Conquistadores, el inicio de un nuevo capítulo en su vida.

Su corazón desbordaba de alegría y los domingos pasaron a ser sus días favoritos de la semana: Domingo de club. “Fue una época muy bonita. Hicimos campamentos regionales y nacionales, proyección social, visitas, viajamos y conocimos muchos lugares del país”, recuerda con nostalgia.

Ser parte del Club de Conquistadores no era una opción en la familia, era una tradición que debía continuar porque ser un conquistador es una carrera para toda la vida.

Generaciones

El tempo siguió su curso y Danna formó un hogar, que hoy está conformado por dos hijos que siguen este camino. “Mi hija aún está en el Club de Aventureros y mi hijo ya forma parte del Club de Conquistadores”, afirma la aspirante a Guía Mayor.

“Somos conquistadores, siervos de Dios” es el himno que se viene entonando por tres generaciones en esta familia que ha confirmado que no hay nada mejor que ser siervo de Dios y amigo de todos.

“Ser un conquistador es entregarte en todo, porque hay muchas pruebas que tienes que enfrentar”, indica Mauricio al sentirse y ser parte de una familia mundial.

Danna y Mauricio demuestran que ser un conquistador no es una tarea fácil, pero sí una de las más importantes en la vida. “La mayor enseñanza que nos aporta es la sencillez, el compañerismo, amistad y el amor a Dios”, indica la madre.

Sus ojos brillan y su mirada expresa satisfacción. Mauricio se acerca a su madre y la abraza fuertemente y entre susurros le dice al oído: “Estoy feliz de compartir momentos inolvidables a tu lado en el V Campori Sudamericano de Conquistadores en Brasil”.


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